Nicanor Parra. De la Antipoiesis a la Ecopoiesis
en el sentido de llevarla a cabo según una dirección ecologista o comprometida en el
interior de su visión postmoderna de la sociedad, en la que se descarta la estructura
que sostenían los grandes relatos.
Dos de los discursos parrianos se entroncan directamente con nuestras preocupa-
ciones. Parra establece una primera aproximación ecológico-poética en el inaugural
Poemas y Antipoemas (1954). Dicho acercamiento habita en textos de intención pe-
dagógica y lirizante. De éstos, podemos destacar “Defensa del árbol” y “Se canta al
mar”. Esta mirada “ecopoética” se ve intensificada en el texto “Los vicios del mundo
moderno”, poema en el cual Nicanor Parra ejecuta una fuerte crítica a las sociedades
capitalistas, específicamente a sus adelantos tecnológicos, su liberalismo económico
y su intervención en la naturaleza, carente de toda ética (Binns 2002: 59-60). Estos
son los vicios que producirían, según Parra, la degradación de la naturaleza a manos
de los “delincuentes modernos”, maleantes formados en una lógica capitalista, o bien
sumidos en una inconsciencia total, que no aquilatan la catástrofe que provocará su
violenta intrusión en los dominios del reino natural: “Los delincuentes modernos /
Están autorizados para concurrir diariamente a parques y jardines […] E instalan sus
laboratorios entre los rosales en flor” (Parra 1956: 137). La transformación del mundo
por los adelantos técnicos y tecnológicos hace posible que el sujeto esquizofrénico
parriano visualice en mejor forma la mutabilidad espiritual del mundo, afectado
ahora por la artificialidad, la desaparición de los referentes reales, la degradación de
la belleza, y la irrupción de una estética del simulacro (cf. Jameson 1991: 22): “Como
queda demostrado, / el mundo moderno se compone de flores artificiales, / Que se
cultivan en unas campanas de vidrio parecidas a la muerte” (Parra 1956: 139). Se
denuncia que el planeta se ha convertido en un basural altamente tóxico, sin sujeción
al orden natural; una situación fuera de control, incluso para los creadores, inventores,
ingenieros y libremercadistas, quienes también sufren los efectos de haber creado un
monstruo con un poder de destrucción ilimitado: “El mundo moderno es una gran
cloaca: / Los restoranes de lujo están atestados de cadáveres digestivos / Y de pájaros
que vuelan peligrosamente a baja altura […] Los industriales modernos sufren a veces
el efecto de la atmósfera envenenada” (140).
Las posibilidades de recuperación del orbe merman cada día; si bien es cierto la
“primavera devuelve al hombre una parte de las flores desaparecidas” (141), no es sufi-
ciente para reproducir la integridad de lo perdido, y lo que es peor, de lo desaparecido.
Las flores, como se sabe tradicionalmente, desde antiguo representan poéticamente
la vida misma, y ésta es la que está, finalmente, en una situación límite.
La contaminación física debilita al hombre y a la sociedad en su conjunto, tritu-
rando sus valores. La desaparición de los referentes de la realidad mutila la capacidad
de creación y reacción espiritual del ser humano, quedando a merced del desamparo.
Este es el punto de partida desde el que Parra analiza la crisis de la modernidad, la
decadencia total de la era industrial y conjetura acerca de la irrupción de la era que
le sucede. Nos referimos al poema “Soliloquio del individuo”, título que clausura
Poemas y Antipoemas. En él se narran los diferentes estadios por los que ha pasado
la humanidad, pero desde el punto de vista del individuo y sus oscilaciones. El viaje
comienza en la prehistoria, de manera secuencial se enumeran, agónicamente, los
avances de la civilización: “Yo me sentía morir; / Inventé unas máquinas, / Construí
relojes, / Armas, vehículos / Yo soy el individuo / Apenas tenía tiempo para enterrar
a mis muertos, / Apenas tenía tiempo para sembrar” (153-4). Se concluye con la idea
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