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Deconstrucción y genealogía del “buen vivir” latinoamericano. El (trino) “buen vivir” y sus diversos manantiales intelectuales
No obstante, en la praxis, las distintas versiones del buen vivir como variantes del socialismo del siglo XXI, en especial en
Ecuador y en Bolivia, se han alejado bastante de una democracia participativa y de una economía socialista, y pueden ser
categorizadas como variantes de un capitalismo del siglo XXI o de un capitalismo de Estado autoritario y desarrollista. Igualmente,
también en su praxis, estas versiones se han alejado de la teoría de la colonialidad, pues si bien han tratado de integrar a los
indígenas y a los afrodescendientes en las esferas de la política nacional (decolonialidad del poder) y, en cierta medida, han puesto
en valor lo indígena como elemento de identidad nacional (decolonialidad del ser), no han estado dispuestos a aceptar una
auténtica decolonialidad del saber y continúan imponiendo una concepción del mundo basada en una modernidad de corte
socialista o neomarxista. Y, por supuesto, estas versiones también se han alejado del biocentrismo y de la búsqueda de armonía con
la naturaleza, al implementar políticas extractivistas para el desarrollo en aras de la equidad, que eran supuestamente temporales y
que estaban en marcha solo hasta que se hubiera completado la transformación de la matriz productiva nacional. La concepción de
la economía social y solidaria sí ha sido algo más exitosa.
Las siguientes teorías también han influido en esta corriente de pensamiento del buen vivir: la teoría rawlsiana de la justicia
social, basada en la idea de la justicia como equidad, en la cual se concilian los principios de libertad y equidad (Ramírez, 2010); la
teoría de la convivialidad, o convivencialidad, que postula que una sociedad civil, armada con valores éticos, debería construir la
vida social (Le Quang y Vercoutère, 2013); la eudaimonía aristotélica, donde la felicidad solo puede alcanzarse mediante el
comportamiento ético (Ramírez, 2010); el feminismo intercultural, con sus conceptos de decolonización y despatriarcalización del
poder (Romero y Lanza, 2012; Mamani, 2012); o la economía de los bienes relacionales, que busca desmercantilizar y
desmaterializar el consumo (Ramírez, 2010).
Y por último, en un intento por operacionalizar el buen vivir socialista y estatista, algunos autores promueven la búsqueda de
indicadores que permitan medir el nivel de buen vivir nacional, para lo cual recurren a los avances realizados en el campo de la
economía de la felicidad y, en particular, a las mediciones subjetivas del bienestar (Ramírez, 2009; León-Guzmán, 2015).
3.3 Los manantiales del buen vivir ecologista y posdesarrollista
43 La influencia del posdesarrollo es clave para entender la concepción ecologista y posdesarrollista del buen vivir. Esta influencia
fue muy evidente en la configuración del concepto de buen vivir que recoge la Constitución de Ecuador de 2008; de hecho, esta
corriente de pensamiento se originó en los debates constitucionales que se dieron en Ecuador en 2007 y 200812.
44 Cuando algunos asambleístas vinculados al partido indigenista Pachakutik propusieron la incorporación del sumak kawsay en la
Constitución ecuatoriana (Cubillo-Guevara e Hidalgo-Capitán, 2015a), los asambleístas del bloque oficialista de Alianza PAÍS,
liderados por el presidente de la Asamblea, Alberto Acosta, aceptaron el término, traducido como “buen vivir”, en la medida en que,
al ser un nombre desnudo, podía ser llenado de contenido por medio de un proceso participativo. Así, la Asamblea Constituyente de
Ecuador, bajo la presidencia de Alberto Acosta, se convirtió en un foro de reflexión sobre el buen vivir13.
45 Esta Asamblea estuvo asesorada por intelectuales nacionales (como los indigenistas Pablo Dávalos, Pablo Ortiz y Nina Pacari, la
feminista Magdalena León, las ecologistas Esperanza Martínez y Dania Quirola, el posdesarrollista Patricio Carpio o el
decolonialista Edwar Vargas) y por intelectuales extranjeros (como los decolonialistas Aníbal Quijano, Boaventura de Sousa Santos
y Edgardo Lander, los ecologistas Eduardo Gudynas y Antonio Elizalde, o los socialistas François Houtart y Vicente Martínez-
Dalmau). Además en ella participaron como asambleístas otros destacados intelectuales ecuatorianos (como los indigenistas Pedro
Morales, Mónica Chuji, los socialistas Norman Wray y Virgilio Hernández, el ecologista y socialista Alberto Acosta o el teólogo
Fernando Vega), todos ellos vinculados con diferentes corrientes de pensamiento. Todo esto propició que el concepto de buen vivir
constitucional ecuatoriano fuese un concepto collage, fruto de la hibridación de concepciones muy diferentes14.
46 De hecho, la frecuente referencia al buen vivir como una “utopía por construir” refleja su condición de concepto collage, aunque
la influencia del posdesarrollo también se manifiesta en referencias directas al buen vivir como un concepto que está en el camino
del posdesarrollo, que participa de la disolución de la idea de progreso, que va más allá del desarrollo, o que es una alternativa al
desarrollo; e incluso en la propia negación del buen vivir como concepto universal y en la defensa de los “buenos convivires”, fruto
de una construcción comunitaria que variará de unos territorios a otros. Además, destacados autores del posdesarrollo, como
Arturo Escobar (2009) y Gustavo Esteva (2009), han escrito sobre el buen vivir.
47 Aquí también han sido determinantes los vínculos de los líderes políticos e intelectuales de la Asamblea Constituyente
ecuatoriana (como Alberto Acosta, Fernando Vega, Virgilio Hernández, Norman Wray, Pedro Morales o Mónica Chuji) con los
movimientos sociales alternativos ecuatorianos (en particular con el ecologista, el indígena, el obrero, el campesino, el feminista y
la teología de la liberación) y latinoamericanos, sobre todo con el Foro Social Mundial, al que están claramente vinculados algunos
de sus referentes intelectuales (como François Houtart, Arturo Escobar, Gustavo Esteva, Edgardo Lander, Boaventura de Sousa
Santos, Catherine Walsh, Leonardo Boff o Aníbal Quijano). En realidad, la máxima de la altermundialización, “otro mundo es
posible”, ha terminado derivando en la idea de que “otro desarrollo es posible”, defendida por la Alianza Latinoamericana de
Estudios Críticos del Desarrollo (ALECD), en cuyo comité coordinador coinciden destacados intelectuales del Foro Social Mundial
con destacados autores del buen vivir ecologista y posdesarrollista (Alberto Acosta, Arturo Escobar, Gustavo Esteva, Eduardo
Gudynas, Edgardo Lander, Enrique Leff, Koldo Unceta o Maristella Svampa).
48 Pero en la concepción ecologista y posdesarrollista del buen vivir, también han sido fundamentales las influencias de la teoría de
la colonialidad (con su denuncia sobre el racismo estructural de las sociedades latinoamericanas y sus propuestas de decolonialidad
del poder, del saber y del ser), la teoría de la dependencia (con su denuncia de las desigualdades sociales derivadas de la inserción
internacional de las economías latinoamericanas) y la teología de la liberación (con su opción preferente por los pobres). De hecho,
han escrito sobre el buen vivir destacados autores de la teoría de la dependencia, como Aníbal Quijano (2011); de la teología de la
liberación, como Leonardo Boff (2009), François Houtart (2011) y Fernando Vega (2012); y, sobre todo, de la teoría de la
colonialidad, como Boaventura de Sousa Santos (2009), Edgardo Lander (2010), Catherine Walsh (2009 y 2010) o Aníbal Quijano
(2011). Además de ellos, entre los asambleístas había intelectuales ecuatorianos que estaban claramente influidos por la teología de
la liberación, como Pedro Morales y Fernando Vega, y otros por la teoría de la colonialidad, como Virgilio Hernández y Alberto
Acosta; y casi todos los asambleístas del bloque oficialista de Alianza PAÍS estaban influidos por la teoría de la dependencia.
49 De las tres versiones del buen vivir, la perspectiva ecologista y posdesarrollista es la que ha tenido una mayor proyección
internacional, trascendiendo claramente el ámbito andino, e incluso el latinoamericano, con destacadas aportaciones de autores
europeos, como los españoles José María Tortosa (2009, 2011) y Koldo Unceta (2014), el portugués Boaventura de Sousa Santos
(2009) y el belga François Houtart (2013), particularmente desde el ámbito académico. Esto le ha dado un alto grado de
legitimidad intelectual, sugiriéndose incluso un hermanamiento entre el buen vivir latinoamericano y el decrecimiento de origen
europeo (Unceta, 2014; Cubillo-Guevara e Hidalgo-Capitán, 2015b). En el contexto andino, uno de los principales financiadores de
las publicaciones sobre el buen vivir ecologista y posdesarrollista ha sido la fundación alemana Rosa Luxemburg, a cuya sede
andina están vinculados, entre otros, Alberto Acosta, Eduardo Gudynas, Maristella Svampa, Esperanza Martínez, Edgardo Lander,
Margarita Aguinaga o Koldo Unceta.
50 Pero esta versión del buen vivir ha sido influida principalmente por el movimiento ecologista. Entre los autores del buen vivir se
encuentran destacados ecologistas latinoamericanos, como Eduardo Gudynas, Alberto Acosta o Esperanza Martínez. Además, uno
de los grandes impulsores intelectuales del ecologismo en América Latina, en relación con el buen vivir, ha sido el Centro
Latinoamericano de Ecología Social (CLAES), un think tank ecologista con sede en Uruguay (dirigido por Eduardo Gudynas) y
directamente vinculado con la ALECD; mientras que, en el caso ecuatoriano, la principal asociación ecologista vinculada con esta
concepción del buen vivir es Acción Ecológica, presidida por Esperanza Martínez.
51 La principal influencia de la versión ecologista del buen vivir es, sin duda, la ecología profunda, de la que se deriva el concepto de
biocentrismo, que es un elemento de la versión ecologista del buen vivir (Gudynas, 2009b). Este concepto está referido a una
concepción del mundo en la que la naturaleza es la medida de todas las cosas y posee un valor intrínseco e independiente de la
utilidad que tenga para el ser humano; por tanto, se deben reconocer derechos a la naturaleza. También suele ser una referencia a la
ecología profunda la hipótesis Gaia, que plantea que es la vida la que crea y mantiene las condiciones adecuadas para su existencia,
https://journals.openedition.org/poldev/2517
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